lunes, 28 de febrero de 2011

Revoluciones

De repente los países árabes han dejado de ser pueblos incultos dominados por religiosos extremistas, con tendencias terroristas y capaces de inmolarse en su cruzada anti occidental para convertirse en el nuevo referente de la lucha por la libertad.
Saliendo a la calle con riesgo evidente para su propia vida, convierten en nueva manifestación cada entierro de su vecino masacrado por el lider autoritario y dictatorial, a la sazón nuestro aliado fiel y parte necesaria de nuestro particular comercio "armas por petroleo".
Mientras la ONU se ve forzada a reaccionar condenando a Gadafi ("te has pasado, ya no te ajunto") pocos meses después de que plantara su jaima por Europa, los políticos se convierten en contorsionistas para decir hoy lo que callaban ayer, y si es posible decir poco, por lo que pueda pasar mañana con otros tantos aliados incómodos. Túnez, Egipto, Libia, Yemen, Bahrein, Irak, Jordania, Argelia.... ¡mejor no generalizar! ¡vayamos paso a paso!, no sea que pisemos el callo a un dictador que luego no caiga y nos suba el precio. Además, al final de la cuerda está China, y China tiene nuestra deuda en el bolsillo.
Efectivamente, tenemos socios que son auténticas dictaduras, que encarcelan a sus ciudadanos por opinar de forma diferente. Socios con dinero a los que toda nuestra élite política besa las manos, que mantienen a su pueblo en la miseria mientras se construyen palacios con grifos de oro.
Socios que dejan traslucir la catadura moral de nuestras democracias, de nuestros políticos... en fin, nuestra propia catadura moral: los políticos simplemente quieren mantenernos contentos, y están pensando si votaríamos más a un político que dejara de comprar petróleo a países no democráticos, o si preferimos petróleo barato.
Un pueblo que manda en sus recursos posiblemente querrá sacarles el máximo partido, el precio subirá para pagar escuelas, hospitales, agua, luz, vivienda... ¿No será mejor que estos sátrapas se hagan un palacio nos den petróleo barato a cambio de armas que les permitan seguir en el poder?
Si bien lo pensamos, lo que han hecho estos malditos revolucionarios es obligar a que nos retratemos, a que decidamos entre nuestro bolsillo y nuestra conciencia. ¡Los muy bandidos, con lo cómodos que estábamos!
Claro que siempre podemos dejar el tema de lado y debatir sobre eso de ir a 110 en autovía... ¡con estos coches, qué barbaridad!

lunes, 21 de febrero de 2011

Participación pública

Tras más de treinta años de constitución y de más de 25 de la Ley de bases de régimen local, y la adhesión al Convenio de Aarhus sobre acceso a la información ambiental y la aprobación de las directivas pertinentes llega a Ribadeo el reglamento de participación ciudadana, esperado como agua de mayo por algunas asociaciones desde hace más de una década.

La participación popular en los asuntos públicos no es simplemente un derecho, sino una obligación, o más bien una necesidad ante la frecuencia con que errores y corruptelas rondan los asuntos públicos. Parece evidente que una ciudadanía informada y educada será capaz de detectar los primeros y denunciar las segundas, optimizando la gestión desde los puntos de vista sociales, ambientales y económicos.

Allá donde he vivido, a menudo he escuchado protestar a los vecinos por ciertas decisiones, y denunciar la desaparición e inaccesibilidad del político durante los cuatro años que pasan entre elección y elección. Este reglamento viene a ser la herramienta que garantice que la puerta estará abierta, que la información será mostrada y que la pregunta será contestada. El propio reglamento, hoy en fase de exposición pública, puede ser modificado con las alegaciones de todos quienes queramos participar en tan democrático proceso.

Queda por ver si la falta de participación de la ciudadanía se debe a la falta de oportunidades o más bien al desinterés y apatía generalizada, al ritmo de vida moderno que nos lleva a preferir al final del día ver Gran Hermano en la tele a acudir al pleno municipal. Yo opino que salvo contadas excepciones, es esto último.

Sin embargo, opino también que la riqueza aportada por la opinión directa del ciudadano, más que una obligación para el político debería ser un derecho, una necesidad. Y desde ese punto de vista, la simple aprobación de un reglamento probablemente no baste para lograr la participación. Hay maneras de fomentarla, y aquí llega la agenda 21 para demostrarlo. Veamos cómo sale y con qué apoyos cuenta entre los grupos políticos de Ribadeo.

domingo, 6 de febrero de 2011

Naciones y proyectos

Tengo para mí que los que escribimos, componemos o pintamos lo hacemos por necesidad propia: si por los demás fuera, ya hay suficientes cuadros, libros y canciones exquisitas como para llenar varias vidas de lecturas, audiciones y miradas extasiadas. Cuántos cuadros bonitos, cuántas canciones... ¿por qué componer otra más?
Claro, hay gente que se dedica a esto, y si no consumiéramos cultura de nueva creación, no podrían hacerlo. Morirían pobres, y sólo tras varias décadas alguien descubriría algo genial en uno de ellos: ese perduraría para siempre.
Mi forma de pensar, a la que llegué tras consumir cultura mediocre durante algunos años a través del Círculo de Lectores, me lleva a preferir los clásicos, aquéllos que han superado el filtro del tiempo. Además, sorprendentemente, suelen editarse a precios más bajos.
Mi última adquisición por 3€ es España Invertebrada, de Ortega y Gasset, una serie de ensayos cortos que dibujan la sociedad y la política española de los últimos siglos, vistas desde la atalaya de los años 20 del siglo pasado por esta mente privilegiada.
De la misma manera que me sorprendió a los 15 años el pensamiento de que los egipcios eran iguales que nosotros, la misma especie, la misma inteligencia, simplemente menos saber tecnológico acumulado (antes los veía como seres inferiores intelectualmente), me sorprende hoy la capacidad de este autor para disecar y comprender el funcionamiento de las sociedades, sus emociones, sus temores, sus tics...
Habla Ortega de los nacionalismos ibéricos y no los entiende como sentimientos de nuevas sociedades en construcción, sino como síntomas del desmembramiento de España desde hace cuatro siglos debido a la falta de proyecto común. Viene a decir que las naciones se crean alrededor de un espíritu fundacional ilusionante (para él la España imperial de los Reyes Católicos, supongo que algo como lo que vivimos con la creación europea hace pocos años). Que cuando ese espíritu se agota o se para, los pueblos que forman esa nación dejan de verle el sentido a la empresa común, y las naciones van cayendo en una desmoralización que alimenta el nacionalismo disgregador (que tampoco les llevará a ninguna parte, pero al menos es un sentimiento más propio y cercano).
Este análisis escrito hace 90 años resulta sorprendentemente útil para entender la situación social y política en España un siglo despúes (y también la de Europa), donde la falta de proyecto, la falta de rumbo, la falta de ideas resulta tan reveladora como deprimente.
Especialmente deprimente cuando somos ya plenamente conscientes de que en nuestra cumbre tecnológica no hemos sido capaces de crear un sistema que nos haga felices, de construir ese paraíso en que las máquinas trabajen para nosotros (¿cuándo dejamos de hablar de la civilización del ocio que se vaticinaba hace sólo dos décadas?), para asumir la necesidad de una carrera desarrollista que sabemos que nos lleva a un apocalipsis  ambiental.
La disyuntiva de colapso económico o colapso social y ambiental debería crear un debate a todos los niveles tal que nadie pudiera inhibirse. Sin embargo, es la atonía social más absoluta la que se observa: obviamente nadie serio se atrevería a proponer alternativas al pensamiento único.
Y sin embargo, ese es el proyecto que puede volver a concitar ilusiones: el de crear una sociedad sana, en todos los sentidos. ¿Quién puede liderarlo? A día de hoy, en España, estoy mirando las propuestas de Equo.

domingo, 30 de enero de 2011

El precio de generar electricidad

Dicen que el que no sabe es como el que no ve. Para poder juzgar hace falta esforzarse en entender, de otro modo hablaremos como esos tertulianos que nunca entran en el fondo de las cosas y consecuentemente nunca proponen nada para cambiarlas.
Hoy quiero profundizar en el tema del precio de la luz. Decíamos que en la última década habíamos adquirido una enorme deuda con las eléctricas a base de pagar sólo parte de ese precio en nuestras facturas. Quedaba pendiente conocer si el precio que pagamos es justo, es decir, cuáles son los verdaderos costes de generar electricidad.
Generamos electricidad en hidroeléctricas, nucleares, centrales térmicas de gas, de carbón y de fuel. Más recientemente, a través de las nuevas renovables, eólicas y solares fotovoltaicas. Sus costes se clasifican en los de construcción de una central (un gasto inicial que hay que ir amortizando como las hipotecas) y los de funcionamiento, como el combustible y la mano de obra.
Según los datos son de un informe de 2008, de la Comisión Nacional de Energía, titulado precios y costes de la generación de electricidad, me permito diferenciar nuestras centrales en dos tipologías:
  1. Centrales de renovables, cuyos costes son esencialmente los de construcción, al no precisar combustibles. Entre éstas está la hidroeléctrica, de centrales ya amortizadas, que ni siquiera tiene esos costes, por lo que puede producir a unos 3€/Mw.
  2. Centrales convencionales, en su mayoría amortizadas, para las que los costes más importantes son los de combustible: nucleares (18€/Mw), de carbón (60 €/Mw), gas (70€/Mw) y fuel (aún más).
La clave del sistema está en cómo se fija el precio de la luz producida. Se hace en una subasta en la que se reúnen productores y comercializadores de la luz: los primeros dicen cuánta tienen disponible para producir, y a qué precio la ofrecen, los segundos dicen cuánta necesitan para cada día. En la subasta, las ofertas de energía se ordenan de menor a mayor precio, y se van casando ofertas y demanda.
Renovables y nucleares suponen más del 50% de la energía necesaria, pero para el resto necesitamos las térmicas, que van a encarecer el precio de subasta en la medida en que tengamos que alcanzar a usar las centrales de gas de ciclo combinado (casi siempre) o incluso el fuel.
Lo sorprendente es que el precio que vamos a pagar es el máximo que se alcance en la subasta: si nos vemos obligados a producir con fuel, podemos llegar a 85 €/Mw, y pagaremos esa cantidad a las renovables, a las hidroeléctricas y a las nucleares. Mirando las cifras de sus costes respectivos, más arriba, podemos entender el enorme negocio que hacen las empresas energéticas propietarias de centrales de renovables y nucleares.
El sobreprecio que pagan las comercializadoras a las empresas propietarias de nucleares e hidroeléctricas, construidas hace décadas con el dinero de todos, se estimaba en 2008 en unos 1500 millones de euros anuales. Mientras tanto, el coste de las primas que se pagan a los productores de las nuevas renovables (responsables para tantos tertulianos de los elevados precios de la luz), que no olvidemos, se pagan también a las modernas centrales de gas de ciclo combinado, es de unos 600 millones de euros anuales.
En definitiva, el esquema actual en que por un lado, no pagamos el precio de lo que consumimos, hipotecándonos para el futuro, y por otro, ese precio se fija en unas subastas que garantizan enormes beneficios a determinadas empresas eléctricas, es una combinación diabólica que parece tener poco que ver con un libre mercado de la energía.
Pero la cosa podría ser todavía algo peor. Ese precio en función del de la energía más cara requerida podría reducirse a medida que empleemos energías baratas en mayor cantidad. Ya lo hemos experimentado varias veces desde el inicio de la crisis: incluso con subastas que terminan en 0€/Mw en horas nocturnas. Sin embargo, ese precio no es el que paga el usuario final: nuestra tarifa se decide en unas subastas específicas trimestrales, para las que según la CNE los precios suben extrañamente, por lo que incluso ha solicitado la intervención de la Comisión Nacional de la Competencia. Todo ello supone que las bajadas de precio de las subastas diarias sólo repercuten en los beneficios de las comercializadoras, en su mayor parte empresas “hijas” de las mismas productoras.
¿Qué hacer? A mí sólo se me ocurre sugerir que debemos optar por las pequeñas comercializadoras independientes de las productoras para que comience a existir una competencia real en nuestro mercado de la electricidad.

Sube la luz

En el año 2000, el gobierno de España decidió regular las tarifas de la luz, desligándolas del incremento de los costes de producir electricidad. La estrategia, mantenida por los dos partidos mayoritarios a lo largo de la década, generó un crecimiento nunca visto, pero hoy sabemos que, como con la burbuja inmobiliaria, había truco. La diferencia entre costes y precios (el déficit tarifario) iba dando lugar a una deuda del Estado con las empresas eléctricas.
Estas siguen declarando beneficios, pero porque cuentan la deuda como si ya estuviera pagada. Una deuda que alcanza ya los 20.000.000.000 euros, y que seguirá creciendo mientras el precio que pagamos en nuestras facturas siga siendo inferior a lo que cuesta generar electricidad (tema del que trataremos en otro artículo).
Ahora esa deuda la pagamos todos en el recibo de la luz: poco a poco, con intereses incluídos, en los próximos 15 años. Además, la subida de los tipos de interés en el mercado internacional hace urgente cambiar de sistema y saldarla cuento antes, así que ahora tendremos que empezar a pagar lo que cuesta más lo que dejamos pendiente de pago los últimos diez años. La otra opción es seguir incrementando la deuda, pero llegaría un momento en que el coste de sus intereses fuera igual, y después superior, al de pagar la luz a su precio, lo que parece estúpido.
Y lo peor es que esa electricidad artificialmente barata, mayoritariamente importada (a nivel estatal), ha llevado a incrementos de consumo, de emisiones de CO2, de la deuda externa, y además ha condicionado nuestras decisiones, desincentivando medidas de ahorro y eficiencia en nuestras empresas y viviendas, lo que puede desembocar en unos costes energéticos dificilmente asumibles para muchos en un futuro próximo.
No es la primera vez que las decisiones políticas populistas, o al menos cortoplacistas, orientan erróneamente a los ciudadanos y empresarios con subvenciones que desembocan en formas insostenibles de funcionar. Desde nuestra responsabilidad como votantes, hemos de esforzarnos en diferenciar las propuestas de futuro de aquéllas que son simplemente lo que queremos oir. Desconfiemos de los programas políticos que se asemejen demasiado a una carta a los Reyes Magos.

viernes, 21 de enero de 2011

Del precio y el uso del agua

Dicen que la nueva ley de aguas de Galicia está al caer, y que significará una subida enorme del precio del agua. Lo cierto es que la Directiva Marco del Agua  ya establecía hace más de una década que el agua había que pagarla con la factura y no con los impuestos, que subvencionar el agua desde los gobiernos sólo lleva a su derroche.
Y es que el agua es barata, demasiado barata: a menos de un euro por metro cúbico, a 0,001 € el litro de agua potable. Si pensamos que a veces pagamos un euro por un botellín, hablamos de 1000 veces más barato que eso. Por embalsarla, tratarla, distribuirla, recogerla, llevarla a las EDAR y depurarlas antes de su devolución al medio natural. No parece muy caro.
Además, si nos parece caro siempre podemos gastar menos. Existen medios para ello: perlizadores, reductores de caudal, cisternas de doble pulsador, alcachofas de ducha ahorradoras... sistemas que nos permiten ahorrar hasta un 50% del consumo habitual sin darnos cuenta, con el consiguiente ahorro de energía en el caso del agua caliente.
Me sorprende la tendencia de nuestra sociedad a quejarnos y no actuar, la escasa capacidad de muchos para reaccionar y arreglar las situaciones que tienen arreglo. Bombillas de ahorro y perlizadores son las armas adecuadas para enfrentarnos a estas subidas de tarifa en luz y agua. A su vez, las subidas de tarifa son la única herramienta de los gobiernos para que ahorremos agua y energía, que no sobran en nuestro país.
Consolémonos: no se trata de pagar mas, sino de pagar de otra manera: ¿quien cree usted que estaba pagando la diferencia hasta ahora? ¿el presidente de su bolsillo? Se trata sencillamente de saber cuánto cuesta realmente lo que consumimos (¿y actuar en consecuencia?), en vez de gastar de más sin saber el precio, y pagándolo a través de nuestros impuestos, que tienen mejores sitios adónde ir.

El debate energético

Cuando empiezas a leer sobre la energía solar las magnitudes son avasalladoras: qué monstruo tenemos allí enfrente! Durante el presente año, el sol arrojará sobre la Tierra 4000 veces más energía de la que vamos a consumir. Si Alemania colocara paneles fotovoltaicos en el 10% de sus tejados, cubriría sus necesidades de electricidad. La potencia de la luz solar es la de una estufa de 1Kw por cada metro cuadrado. La energía solar está disponible en una cantidad enorme, y es gratuita. Es cierto que la hay más durante el verano, y que no la tenemos durante la noche, pero también lo es que esas horas de sol son bastante más que las de uranio o petróleo que cae sobre nuestras casas.
Nuestra capacidad de captarla es variable según si queremos captar calor o si queremos convertirla en electricidad. Los captadores negros de los paneles para agua caliente pueden absorber hasta un 80% de la radiación incidente. Los cristales de cuarzo de los paneles fotovoltaicos que convierten luz en electricidad sólo aprovechan el 20%. Se trata, sin embargo, de tecnologías jóvenes con un elevado potencial de mejora, y con una enorme ventaja que las condena. Son energías libres:  una vez que tienes el captador, no dependes de nadie: luz gratis, agua caliente gratis!
Al igual que pasa con el viento, desde los poderes que rigen el mercado se trata de retrasar esa fecha que indudablemente ha de llegar, la de la energía libre. En lugar de aprovechar la energía cada uno en su casa, pagamos un sobrecoste en nuestra factura que hace ver que estas energías no son competitivas, que provoca rechazo, que nos aleja de ellas. En lugar de su captación dispersa y libre, grandes parques y huertas solares salpican el territorio, afeándolo y obligándonos a comprar lo que es gratis.
¿Qué nos queda? la rebeldía de salirnos del sistema. Comprar nuestros captadores en vez de cambiar de coche: ¿qué coche te va a durar 25 años? ¿qué coche te va a dar energía? ¿no fardarás más con tus paneles y tu libertad que con tu coche nuevo? ¿Con tu aerogenerador que con tu GPS?
Los precios bajan día a día, los equipos disponibles en la red son cada vez más económicos, mientras la luz sube y sube: la paridad está a la vuelta de la esquina, ahí al lado, en el 2015.

El monte del futuro en Ribadeo

Un esclarecedor artículo sobre el monte de Barreiros firmado por Marey, Rodríguez y Crecente, de la Universidad de Santiago, en la Revista Galega de Economía del año 2005, muestra las vergüenzas de nuestro sector forestal. Explotaciones de tamaño medio de 1 hectárea, de propietarios absentistas en el 50% de los casos y en el otro 50%, actividad marginal de propietarios de 65 años sin formación forestal.
Resulta sorprendente que esto no sea percibido como un "problema nacional" en una comunidad con un 65% de territorio forestal. Yo al menos lo veo como un problema del que merece la pena escribir una entrada en mi blog.
Efectivamente, más de la mitad de nuestro territorio, también en Ribadeo, es monte. A menudo se lee "bosque" (p.e. en el último número de Empresa y Finanzas, "el periódico económico de Galicia"), pero bosque, o fraga, es el bosque natural, ya casi extinto en nuestro concello. Hoy lo que tenemos es cultivo de árboles, cultivo de madera, cultivo de papel, que se planta, se deja crecer y se corta. Decía un catedrático amigo que el monte es al bosque lo que el ejército es a la sociedad. Una sutil diferencia en su diversidad: de especies, de tamaños, de edades, de objetivos...
Leo en ese diario que hoy el reto de nuestras explotaciones de madera es la certificación forestal, el sello de calidad. Pues bien, ese sello es producto de la exigencia de los consumidores. Sabrán que hoy tenemos dos formas de votar: una es en las urnas, cada cuatro años. Otra es al comprar, cada día. Claramente hoy por hoy, esta segunda va tomando cada vez más importancia. Pues bien, hoy por hoy quien compra algo de madera, y especialmente en Europa, prefiere que esa madera haya sido extraída cumpliendo la legalidad, sin explotación de los trabajadores, respetando los suelos y las aguas de la zona, reservando parte de la vegetación natural de las parcelas, etc. En definitiva, explotaciones respetuosas con los valores ambientales del entorno.
No hay que ir muy lejos para buscar los modelos, pues coinciden con el esquema propuesto en su día con las UXFOR, hoy extintas definitivamente por el gobierno de Feijoo: asociaciones de propietarios que juntan un mínimo de 25 hectáreas, de las que se reservan las de mayor calidad, riberas de cauces, etc, y el resto se explotan conjuntamente, permitiendo conjugar los resultados económicos con el respeto ambiental. Frenada esa iniciativa, estamos hoy en un impass que a nadie favorece.
Urge poner en marcha modelos tipo UXFOR en Ribadeo, desde el gobierno municipal se debe incitar a ellas mediante la imposición máxima a las parcelas rústicas sin limpiar, desincentivando el mantenimiento de propiedades abandonadas, que suponen obtener un beneficio económico a costa de incrementar el riesgo de incendio para todos.
Sobre esas grandes unidades se podrían realizar planes de ordenación forestal que incluyan barreras de especies frondosas para el fuego, zonas que resultarían hábiles para el uso recreativo y micológico, reducir el actual monocultivo de eucalipto con otras especies, siguiendo criterios técnicos en función de la calidad del suelo y la orientación, incluso contemplar la entrada de ganado en donde fuera compatible para reducir costes de desbroce.
En definitiva, un monte más diverso y mejor organizado, con teselas de bosque, recuperando la vegetación de ribera en todos los pequeños cauces, sería un avance para todos, un monte rentable que permitiría generar empleo, reducir el riesgo de incendio y compatibilizar los usos forestal y recreativo.

lunes, 17 de enero de 2011

Política y economía local

Quince meses en el ayutamiento de Ribadeo dan para mucho. He aprendido un montón sobre la gestión municipal, al menos la de un ayuntamiento de este tamaño.

Por ejemplo, he aprendido que el control desde el poder político sobre los destinos del municipio es relativamente escaso debido a la falta de fondos. El dinero que se trasmite por el Estado apenas da para cubrir los gastos corrientes, con lo que cualquier iniciativa fuera de mantener la inercia de funcionamiento heredada, con sus costes (salarios, factura de la luz, combustibles, etc.) debe proceder de otras administraciones: ministerios, consellerías o diputación.

Lo malo es que las diferentes administraciones no entregan el dinero para que hagas lo que estimes oportuno, sino que, en el uso de sus competencias, definen sus propias líneas de inversión. Así, deciden que promueven o subvencionan energías renovables, pabellones polieportivos, paseos marítimos, polígonos industriales, defensas portuarias, determinadas repoblaciones forestales, desbroces de pistas, técnicos de empleo, técnicos de asunstos sociales, técnicos de normalización lingüística, personal de protección civil, de turismo... Estas otras administraciones construyen en realidad un ayuntamiento paralelo, manejando tantos fondos o más que el propio concello, diseñando un desarrollo pret-a-porter que a menudo no encaja con la talla del municipio: le sobra de manga y le falta de sisa, o a la inversa.

De esta manera, gran parte del dinero que se emplea en actuaciones ambientales, obras públicas, mantenimiento de infraestructuras, o contratación de personal no está decidido por el propio ayuntamiento, sino desde centros de decisión más o menos lejanos, con mayor o menor conocimiento de las necesidades de cada población. Por supuesto, cada concello es libre de aceptar o no tales subvenciones, de hacer o no las obras o de contratar o no ese puesto de trabajo, pero de hecho, si no lo hace, al no poder hacer tampoco otra cosa, se le tachará de inacción, y la gestión realizada será de difícil defensa ante la comparación con concellos vecinos.

Lo peor de las subvenciones es que además, te la dan o no te la dan, y que salen si salen y cuando salgan. En definitiva, imposible saber en enero si vas a tener socorristas, técnicos de turismo, protección civil..., si podrás mantener el sistema de gestión ambiental, si podrás desbrozar las pistas forestales, si habrá escuela de oficios... Es imposible planificar el año, lo que lleva a una política de gestión a salto de mata, donde cualquier medida se ha de improvisar salvo que cuentes con un trifásico en alguna administración de esas que manejan el dinero.

Seguramente es necesaria una simplificación de la estructura de la administración, y la sustitución de las subvenciones por transferencias directas de fondos que incrementen la autonomía municipal y su capacidad de gestión. Los poderes estatal y autonómico deben ser fundamentalmetne legislativos, y de la misma manera que las autonomías deberían participar en el poder central a través del Senado, los ayuntamientos deberían tener capacidad de influencia en las cámaras autonómicas.

Entre tanto, la única opción es buscar fondos detrayéndolos de los gastos corrientes, modificando hábitos del personal contratado y de la ciudadanía y optando a subvenciones que permitan incrementar la eficiencia a través del ahorro en suministros, en energía eléctrica, en combustibles. Pero de ello hablaremos en una próxima entrada, que hoy se ha hechoya  tarde.

domingo, 9 de enero de 2011

Economía sostenible

¿Qué es, entonces, el desarrollo económico sostenible? Manteniendo el objetivo de maximizar la felicidad, hemos de ir hacia una economía que permita que la mayor parte (digamos que toda) la población tenga acceso a un trabajo que le permita tener unos recursos económicos suficientes.

Los estudios realizados sobre la felicidad indican que la desigualdad es negativa, por lo que convendrá desincentivarla, mediante impuestos elevados a los salarios más altos, que suponga para las empresas que es mejor contratar a dos personas por menos dinero que a una por mucho. La injusticia y la falta de proporcionalidad en los salarios y los impuestos es otra fuente importante de infelicidad, por lo que el control fiscal de los márgenes de las empresas y del fraude en general es parte esencial de una economía sostenible.

A estos efectos, me gustaría destacar la incoherencia de nuestra sociedad recientemente puesta de relieve con el tema de las denuncias por fumar en zonas prohibidas respecto a la delación de quien delinque. A nadie se le ocurre defender que esté mal denunciar a un terrorista, a un asesino o a un ladrón. En el tema de los malos tratos en el hogar es algo que aún hoy estamos corrigiendo, y algo parecido está sucediendo con los delitos relacionados con el tráfico. Hoy tenemos sobre la mesa el debate sobre el tabaco, y sin embargo, no se plantea aún que se deba delatar a quien defrauda al fisco, cuando este es sin duda el principal problema de nuestra economía.

Parece que no somos conscientes de que quien nos vende que eso estaría mal es el amigo de quien defrauda millones de euros, que aprovecha nuestros pequeños chanchullos de 50 euros para hacernos cómplices de aquél. Si todos pagáramos nuestros 50 euros y denunciáramos al de los millones,  podríamos ahorrarnos el dentista y el ordenador de nuestros hijos, que nos pagaría (previa democrática exigencia, claro está) el erario público.

En ese país de las maravillas al que queremos dirigirnos, con unas cuentas públicas saneadas y una economía sumergida inexistente, ese trabajo generalizado debería cumplir una condición inexcusable: la compatibilidad con la vida familiar. Reducir los horarios laborales para acomodarlos a los escolares permitiría aflorar nuevos puestos de trabajo. Uno de los grandes fracasos de las anteriores reformas laborales ha sido la mínima creación de empleos a tiempo parcial, al parecer debido a los abusos a los que se prestan.

En definitiva, invertir en inspección laboral y fiscal permitiría aflorar recursos y empleos. La actual reforma laboral, hasta ahora basada en una reducción de los derechos de los trabajadores, deberá tener su contrapartida en un incremento de la inspección y un fomento de los empleos a tiempo parcial, que permitan al tiempo reducir el nivel de desempleo y conciliar la vida laboral y familiar. Algunos detalles de los esquemas holandés y danés pueden servir como base para el diseño de un mercado laboral socialmente más sostenible.