La evaluación de los riesgos es un área básicamente ligada a la estadística. Analizamos el pasado como base para pronosticar el futuro, lo que ha pasado como una predicción de lo que puede pasar. Por ejemplo, se evalúa el riesgo de inundación o el riesgo sísmico en función de los registros de terremotos o inundaciones anteriores. Sobre las tablas estadísticas se hace un análisis y se estima la peligrosidad de los territorios en función de la frecuencia y magnitud de los eventos.
Algo similar hacen los técnicos de las agencias de seguros: estudian las estadísticas de los accidentes pasados y las cuantías de los daños producidos, y con ellas pronostican los costes de los futuros, y las pólizas que debemos pagar en función de nuestro riesgo.
Si aplicamos la estadística al riesgo nuclear, tenemos que hay en el mundo 426 centrales nucleares, de las cuales dos han explotado. Eso supone una proporción de 2/426=0,004695 de centrales nucleares que estallan a lo largo de su vida útil. Proyectándolo al futuro, vendría a ser la probabilidad que tiene una central de estallar a lo largo de su vida útil. Como la vida útil es habitualmente de 40 años, podríamos decir que la probabilidad anual de estallar es igual a esa cifra dividida por 40, es decir 0,000117, poco más de 1 entre 10.000, o similar a tener un premio importante en la lotería de navidad.
Viéndolo al revés, la probabilidad de que no explote una central en un año determinado es 1-0,000117, es decir 0,999883, un 99,988%. Malo será.
Como en España tenemos 8 centrales nucleares, la probabilidad de que esa condición (la de no explotar en un año determinado, por ejemplo éste) se cumpla para todas ellas se calcula multiplicando las probabilidades de cada una de ellas. Como para todas es la misma, elevamos la probabilidad a la octava potencia: 0,9998838 = 0,999061. Viene a ser que, en un año determinado (por ejemplo, el 2011) sólo hay una probabilidad entre mil de que explote una de las centrales nucleares españolas. Ésta es una probabilidad similar a la de obtener 4 aciertos en la Lotería Primitiva.
Pero como ya dijimos, la vida útil de una central nuclear son 40 años. Por tanto, para obtener la probabilidad de que esta situación de “no accidentes graves” dure toda la vida útil de nuestras ocho centrales nucleares tenemos que elevar el valor de la probabilidad anual a la 40ª potencia. El resultado es una probabilidad de 0,963136, o un 96,3% de posibilidades de que no pase nada nunca, o a la inversa, un 3,68% de que sí explote alguna de nuestras centrales en los próximos años. Esto viene a ser el doble de las probabilidades que tenemos de acertar 3 números en la primitiva.
En definitiva, esperemos que como dicen los defensores de la energía nuclear, esperemos que lo de Chernobil y Fukcushima hayan sido casos extraños no representativos de la seguridad de las centrales nucleares en España y el mundo. Lo malo es que estos datos son la única realidad que tenemos para pronosticar el futuro: ¿hemos de cerrar los ojos a ésta y basar nuestros cálculos en la pura teoría?